14 de marzo de 2010

¿Solución? ¿Cuál es la solución?

La realidad social en El Salvador no es ningún secreto, de todos es conocido los altos niveles de violencia y criminalidad que durante los últimos años han escalado las estadísticas, y lo más lamentable, por supuesto, que han causado luto y dolor en miles de familias, y al parecer la situación es imparable porque no se vislumbra ninguna solución, ¿por qué? porque ninguna medida soluciona nada según nuestros líderes políticos y pensadores.

Ha sido una maña (no le puedo llamar de otra forma) de los políticos de un bando oponerse rotundamente a las propuestas del otro bando, con el fin justificado de servir nada más de oposición, con millones de pretextos pero sin ninguna razón lógica; claro, la razón que nunca se explicará es que no se puede permitir a la competencia que gane terreno con sus propuestas, por eso es imprescindible oponerse.

He escuchado últimamente, y sobre todo con el último caso de violencia que conmocionó al país, el del estudiante asesinado por otro estudiante porque quería arrebatarle su camiseta como trofeo ante la ridícula, insensata y estúpida rivalidad colegial que ha caracterizado siempre al INFRAMEN y al INTI (antes ITI).

Se hablan de medidas como alargar las penas a menores infractores y saltan las voces por todos lados que esa no es la solución. Surgen clamores por la actuación férrea de la policía y el ejército ante la ola de criminalidad y por allá suenan otras voces diciendo que tampoco es la solución. Se habló durante un tiempo en el pasado sobre adoptar la pena de muerte, pero salieron al paso otro montón de opositores. Se propone y se propone, pero nada, nada es la solución. Entonces ¿cuál es?

Una cosa es cierta, si nunca se prueba nada, entonces realmente nunca se encontrará la solución. ¿Por qué no sencillamente se ponen en práctica todas las soluciones? Más de alguna va a pegar en la enfermedad, y si no la cura por lo menos la reduce. ¿Por qué no? hay que intentarlo. Especulando con uno u otro resultado no se llegará a nada, siempre seremos perdedores. Es mejor apostarle a cualquier medida que vaya encaminada a proteger a la población honrada y trabajadora, esa es la prioridad.

Y tal como dijera Nicolás Maquiavelo, si el príncipe (el gobierno) no quiere llevar a su país a la ruina, debe aprender no a ser bueno, como él quisiera, sino aprender a no ser bueno, según la situación lo requiera, ya que habrá realidades en las que el objetivo estará más allá de la simple intención utópica, y por tal razón es muy probable que el fin justificará los medios.

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