28 de diciembre de 2009

Qué necesidad había…

He estado viendo en algunos periódicos la captura de Eulogio Romero, principal sospechoso del asesinato de dos hermanos de apellido Recinos Cisneros (desconozco si tengo parentezco con ellos), ocurrido en mayo pasado como desenlace de un pleito de calle por un parqueo o por derecho de pasar (no estoy muy seguro), y donde supuestamente Eulogio sacó un arma de fuego y disparó sin remordimiento contra los dos parientes.

Las autoridades son las que se encargarán de tratar de convencer a la justicia de la culpabilidad de Eulogio Romero, no obstante, todo esto deja una clara lección:

¿No le parece ridículo pelearse y hasta matarse por un parqueo o porque un carro le obstruye el paso a su vehículo? Por supuesto que es harto ridículo, si no, piense qué necesidad había de que el supuesto hechor (Eulogio) tuviera que cambiar de domicilio y refugiarse en Nicaragua, cuando podía haber pasado una festividades navideñas en su propia casa y al lado de su familia.

Qué necesidad había de convertirse en asesino y manchar su nombre, exponiéndose a vivir en una celda bajo condiciones de hacinamiento, cuando la solución más simple era haber esperado un par de segundos a que el otro carro pasara para dejar libre el paso o buscar un espacio adicional donde parquear.

Qué necesidad había de aparentar ser macho y tener el control de todo sólo por poseer, mostrar y usar un arma de fuego.

Qué necesidad había de arruinar la vida de dos familias (la de los Recinos y la de Eulogio mismo), por algo tan trivial.

Ojalá que este caso se resuelva apegado a derecho y que deje una lección muy clara a todos aquellos que portan armas para que se abstengan de usarlas de forma tonta contra cualquier persona y que aprendamos todos que un poco de cortesía y paciencia salva vidas.

Nota del autor: Muy bien por El Diario de Hoy, quien inició la investigación por su propia iniciativa y no la ha dejado hasta este momento.

23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad y que Dios nos bendiga a todos

Posiblemente mañana (24 de diciembre) no tenga tiempo de escribir en este blog, por esa razón no veo mal adelantarme y desearles a todos los lectores de estas humildes líneas que pasen felices fiestas, que todos sus propósitos del año se hayan cumplido satisfactoriamente y que empecemos con ganas el próximo año, con todo y crisis.

Recordemos que el sentido de estas fechas (aunque discutidas histórica y religiosamente) es que cada uno evaluemos nuestras acciones y nos pongamos a cuentas con Dios (sea cual sea la idea que tenga sobre Él) y con nuestros prójimos (principalmente nuestras familias). Si aún no lo ha hecho, aproveche estas fechas, recuerde que la vida es corta y posiblemente no haya un mañana para hacerlo. Recordemos la canción de John Lennon: “Feliz Navidad, la guerra terminó”.

En verdad deseo que la pasen muy bien, si pueden evitar el alcohol por favor háganlo, y si no, entonces modérense. Y retomaré la frase del Pequeño Tim para cerrar esta entrada: “¡¡¡Que Dios nos bendiga a todos!!!”

20 de diciembre de 2009

Sea inteligente, no cuesta nada

Si usted tiene la “dicha” de conducir un vehículo (carro, moto, camión, lo que sea) en cualquier carretera o calle de El Salvador, ya sabe lo que significa vivir estresado, esperando no ser el próximo en ser protagonista de un accidente, aún si usted no es el causante, ya que siempre más de uno de nuestros “hermanos” conductores se pasa de listo.

Mi recomendación es que no sea listo, sea “inteligente”, no tiene caso que sufra un accidente o que fallezca por imprudente, y por supuesto menor sentido tiene que usted le cause heridas o la muerte a su prójimo.

En las últimas semanas, mientras manejaba, he tratado de hacer un compilatorio de experiencias nada gratas tan sólo por ir detrás de un volante, y comenzaré con la del señor taxista que me mostró el dedo cordial (que de cordial no tiene nada) cuando otro conductor le pitó el tan conocido “pi-pi-pi” porque se adelantó en el alto obligado del semáforo, saliéndose incluso de la calle para colocarse adelante del auto que estaba en primera fila. Este señor pensó que yo le pité y recibí el “saludo” antes descrito. Por supuesto, esto, como decía un político, me rebota, sobre todo porque no consideré que fue hacia mí el insulto y simplemente lo ignoré.

Una de las más recientes, cuando me dirigía hacia Apopa, en las proximidades de Ciudad Futura, donde se encuentran reparando un puente y obligan a utilizar únicamente un carril de ida y uno de venida. En esta ocasión un vehículo trataba de adelantar circulando fuera de la calle (una acción más que tonta, ya que lo que se logra es agravar el congestionamiento), y cuando se colocó a la par mía (suerte la mía) ya no adelantó, sino que se quedó pegado a mí como alma gemela, por supuesto molesto con migo (oh Dios, ¿qué he hecho?) porque yo avanzaba a la velocidad normal y él no podía incorporarse al carril donde iba yo (¿pero es que acaso yo le mandé que manejara de esa forma?). Al final gané más dejándolo pasar e ignorando la escena.

Hay muchas, muchas, muchas más experiencias similares, como la de los buseros, microbuseros o camioneros adueñándose de las calles, invadiendo carriles a su antojo y molestándose si usted siquiera se atreve a ponerse serio. O cuando los dignos representantes del transporte colectivo hacen parada en cualquier lugar, estacionándose el tiempo que les da la gana, generando una gran congestión. Yo quisiera ver qué pasa si de repente detengo mi carro delante de un bus o una coaster que vaya fuera de tiempo, ¿se detendrá así nada más? ¿esperará pacientemente a que yo me mueva?

Ahora bien, no es mi intención aburrir a nadie con estas historias, yo sé que quien lea esto tendrá mucho más que contar, por tal razón, sólo quiero hacer énfasis en el título de la entrada: sea inteligente. Dejar que los conductores imprudentes manejen como les da la gana y usted manteniéndose a la defensiva es actuar inteligentemente. Dejar de pitarles a los vehículos que le corten el paso es actuar inteligentemente. No ser uno de los imprudentes es actuar inteligentemente. Evitar insultar a peatones y conductores es ser inteligente. Mantener su vehículo en buen estado es ser inteligente. Respetar las normas de tránsito es ser lo máximo de inteligente.

Por favor, si no lo había intentado antes, siga mi consejo: sea inteligente.

27 de noviembre de 2009

Hasta siempre don Mamerto Palma

Lo vi por última vez el sábado pasado, estaba ya acostado en su cama y me acerqué para despedirme; y como siempre hacía, aunque la enfermedad lo aquejara, me sonrió y me dio su bendición: "cuídese mucho, saludos a su familia, mucho cuidado". Le agradecí y me marché.
Ya no volví a verlo, no así.
Iris me avisó de la gravedad de su estado el miércoles, estuve un momento con su familia en el hospital, sentados casi en la calle, esperando lo que nadie quería que llegara... porque en ese momento nos dábamos cuenta de lo impotentes que éramos...
Lamentablemente llegó esa noticia indeseable, y a raíz de ella estas líneas.
Y aunque ya no escucharemos sus historias, ni a su colección de radios narrando partidos o discutiendo resultados, sabremos que siempre estará ahí, con su familia, con los que lo apreciamos y quienes lo vamos a extrañar mucho.
Siempre agradeceré la confianza que me depositó, el cariño que me mostró, los consejos que me dio, las recomendaciones que siempre me dedicó, verlo feliz en el terreno de mi papá, verlo disfrutar de los elotes y el atol, verlo tan emocionado cuando hicimos el viaje a El Rosario y por todo lo que tuve el privilegio de conocer de usted.
Por supuesto que antes que yo hay un listado casi interminable de personas que a lo largo de su vida compartieron más tiempo con usted y quienes también tienen mucho que agradecerle; yo le agradezco por Iris, y por abrirme las puertas de su casa, y eso usted lo supo.
Espero en Dios haber correspondido a todo lo que usted me dio y tenga la confianza que su hijita nunca estará sola.
Don Palma, o maestro como lo llaman hoy los que siempre serán sus alumnos, le deseo un buen viaje, y aunque se nos adelante ahora, algún día, Dios mediante, lo volveremos a ver con su gorra, su silbato y su balón en la mano dirigiendo a sus nuevos alumnos...